¿Qué comemos cuando comemos pan?

La decisión de un empresario valenciano de rebajar el precio de la barra de pan a 0,20 cent. desató a finales de 2012 una auténtica guerra comercial, que más allá de las repercusiones económicas plantea una seria cuestión relacionada con la salud.

Nadie da duros por pesetas, por lo que es razonable aceptar que la calidad de ese pan es baja. Hoy en día todos miramos con lupa el precio de todo lo que compramos, pero la pregunta es ¿hasta qué punto está dispuesto a sacrificar la calidad de un producto?
La mayor parte de los productos que compramos como ”pan” en panaderías y otras tiendas de alimentación, no solo carecen de las propiedades nutritivas esperadas, sino que son menos ricos en proteínas, minerales y vitaminas, y apenas contienen fibra por lo que provocan estreñimiento, cuando no dañan los intestinos y el colon o causan problemas de intolerancia o alergia. Y es que en buena parte se hace con levadura industrial refinada, blanqueantes (como el dióxido de cloro) , antibacterianos y fungicidas ( aluminio, toxico para el cerebro, bromato de potasio – prohibido en Europa), conservantes, potenciadores del sabor…

El pan tradicionalmente se hacía moliendo el trigo hasta conseguir una harina fina, que al mezclarla con agua, sal y levadura fermenta consiguiendo pequeñas burbujas de CO2, que quedan en el interior de la masa dándole esponjosidad y horneándolo luego, conserva la totalidad de los nutrientes del cereal usado y al que no hay que añadirle ningún aditivo químico. El problema comienza cuando se quiere fabricar pan de forma masiva, para poder almacenarlo y transportarlo sin que éste se enrancie se eliminó en el siglo XIX el germen del cereal – en el que se encuentran las vitaminas y los ácidos grasos esenciales- y la cáscara – que contiene minerales y fibra -, usando solamente el endoesperma para realizar la harina. Por lo que este pan está carente de casi todos sus nutrientes y además, se le añaden distintos aditivos alimenticios – nocivos para la salud – para conseguir un color, olor y sabor igual que si no hubiesen sido eliminados el germen y la cáscara.

Además todo lo elaborado con harina blanca (sin importar la marca famosa o no), contienen varias de las siguientes sustancias químicas: yeso blanco, ácido tartárico, diacetilo, fosfato de amonio, glicol propileno, musgo de Irlanda, almidón de papa, soya molida (residuos de la extracción del aceite), dióxido de cloro, harina de pescado, harina de huesos, lactato de calcio, bromato de calcio… .

A todo esto debemos añadir el cultivo a grandes escalas del cereal, en su mayoría transgénico, dando lugar a un cereal con menos nutrientes y rechazado por nuestro organismo. También el cambio al uso de levadura industrial procedente de cultivos químicos. Esto hace que cada vez más médicos achaquen distintas enfermedades al consumo de pan – intolerancias, alergias, gases, diarreas, dolores estomacales e intestinales….-

Esta polémica puede parecer nueva, mas no lo es, viene desde que se empezara a fabricar el pan de forma industrial, en 1898 el British Medical Journal ya hacían referencia a las carencias que presentaba el pan blanco frente al integral.Y aunque la solución sería comer pan integral, el problema de los panes integrales es que están elaborados con harinas blancas a las cuales se les agrega la cáscara pero no poseen el germen de trigo.

El pan integral, aunque sea falsamente integral, es una opción menos mala que el pan blanco, porque al menos consumes fibra. Otra buena opción es moler el cereal nosotros mismos y prepararnos nuestro propio pan.

En general, intenta comer menos pan, pasta y cereales de desayuno, y más verduras y legumbres. Tu cuerpo te lo agradecerá.

Leave a Reply